Andrés de Concha nace en Sevilla, España, quien viaja a la Nueva España en 1568, lugar en donde realizaría una gran cantidad de obras tanto de escultura, arquitectura y pintura. Como es habitual, nos concentraremos en sus pinturas.

Santa Cecilia, por Andrés de la Concha.

Como podemos ver en sus obras, el manierismo es una parte notoria de su estilo, pues cada personaje tiene sus miembros alargados y musculosos, pero además de esto, podemos distinguir sus obras fácilmente por el manejo de las telas, pues las mismas presentan muchos dobleces con mucha caída, que se pliegan en ángulos cerrados, es decir, la tela se ve acartonada.

Martirio de San Lorenzo, por Andrés de la Concha.

A lo largo de sus 42 años de carrera en el nuevo mundo, algunas de las pinturas más famosas que realizó, tenían como temática principal a mártires romanos, como podemos ver en sus pinturas de Santa Cecilia y San Lorenzo, concentrándonos más en el caso de este último, este relato consiste en que Lorenzo fue quemado vivo en una parrilla, pero que no sintió dolor, burlándose de sus captores, quienes realizan movimientos forzados que se prestan bien a los escorzos y sobre todo, a la narrativa de la pintura.

La sagrada familia con Juan Bautista niño, por Andrés de la Concha.

Además de sus famosas pinturas, también se dedicó a realizar retablos en diferentes puntos de la colonia, algunos que se conservan incluso a día de hoy, por lo que de la Concha es uno de los artistas novohispanos pioneros mejor documentados que hay, y si quieren ver alguno de sus trabajos, varios de estos se encuentran en el Museo Nacional de Arte, ubicado en el centro histórico de la Ciudad de México.

Retablo de Yanhuitlán, por Andrés de la Concha.

Andrés de la Concha murió en 1612, dejando una descendencia de 2 hijos.