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Hasta pronto, Sir Sean Connery

Sean Connery, modelo

Hablar de Connery es hablar de un actor de época. Es empaparse de un legado histórico y cultural que pocos pueden presumir haber generado. Es, además, hablar de un ser humano con múltiples virtudes y defectos que los mostró de diversas maneras. Aunque la desgracia de su muerte nos dejó en shock, en Bitácora Espacial recordamos quién fue en vida y queremos rememorarlo con una entrada digna a su persona.

The Greatest Living Scot.

Sir Thomas Sean Connery nació el 25 de agosto de 1930 en Edimburgo, Escocia, Reino Unido. Falleció el 31 de octubre de 2020 en Nassau, Bahamas, a la edad de 90 años y, lamentablemente, los últimos meses de su vida los pasó sumido en la depresión y la demencia senil, sin apenas saber dónde estaba ni quién era.

Placa del lugar de nacimiento de Connery.

Pero esto no impidió que en esas nueve décadas, Connery haya logrado grandes cosas. El más grande escocés vivo -en 2004- fue un hombre de orígenes humildes que luchó para salir adelante de una vida nada favorecedora en su natal Escocia. Sabiendo reconocer el esfuerzo paterno para que él pudiera tener un desarrollo, se tatuó Mum & Dad en su cuerpo en memoria a ellos, así como Scotland Forever, para tener siempre presente su tierra.

Sean Connery, futbolista.

Su vida sufrió grandes movimientos desde joven, desde trabajos como lechero, enlistarse en la marina, ofrecerse como modelo de desnudos para clases de pintura y hacerse fisicoculturista, este escocés buscó sobresalir y hacerse un nombre. Sin estudios más allá de la secundaria y nula experiencia actoral, decidió emprender la aventura de los escenarios, a pesar de haber casi logrado un contrato futbolístico en el Manchester United. Y al final, la apuesta resultó ser la adecuada.

Aunque tuvo un inicio incierto en su carrera actoral durante toda la década de 1950, obtuvo diferentes papeles que le fueron ayudando a consolidarse poco a poco en el medio. Fue en esta época que conoció y se hizo gran amigo de Michael Caine, quien le acompañó el resto de su vida.

Su cinta con Disney

No fue sino hasta que tuvo un papel de mayor envergadura en una producción de Disney llamada Darby O’ Gill and the Little People que llamó la atención de algunos cineastas que tenían la intención de adaptar unas populares novelas de espionaje a la gran pantalla.

Harry Saltzman y Albert R. Broccoli consiguieron los derechos de algunos de los libros de Ian Fleming protagonizados por el popular espía británico James Bond a finales de la década de los 50’s. Empezaron la ardua búsqueda de un actor que pudiera ser el rostro del peculiar personaje para el celuloide, siendo barajeadas varias posibilidades, hasta que se toparon con un joven escocés de 31 años que impresionó a los productores, pero que no fue del todo del agrado de Fleming. Tras su audición y ver que tenía un buen porte, Sean Connery se hizo del papel, y el director Terence Young lo educó para ser refinado, ácido y , sobre todo, cool.

Mi nombre es Bond, James Bond.

Bond, James Bond

Desde 1962 con Dr. No hasta 1967 con You Only Live Twice, Sean Connery interpretó a James Bond con gran éxito y volviéndose un icono internacional de la moda, masculinidad, galantería y sexualidad. La vida del actor dio un giro de 180 grados porque se volvió virtualmente en el hombre más famoso del mundo. No obstante, durante este periodo también participó con el director Alfred Hitchcock en Marnie (1964) y otras aventuras fílmicas que le permitieron expandir su capacidad actoral.

Aunque odió mucho a James Bond, la verdad es que él mismo reconoció que sin su interpretación de este personaje jamás hubiera dado el salto al estrellato y a poder elegir sus papeles. Regresó una vez más a interpretar a Bond en 1971 con Diamonds Are Forever, pero dijo que jamás lo volvería a hacer. Sin embargo, en 1983 hizo un remake/reinterpretación de Thunderball con Never Say Never Again, donde mostró a un espía envejecido y visto como una reliquia. Su esposa fue la que sugirió el título, por cierto. Y no conforme con ésto, dio su voz para rehacer su papel en el videojuego From Russia With Love de 2005, porque confesó que esa es su cinta favorita del agente 007. Podemos concluir que aunque lo “odió”, terminó en cierto modo encariñado con su icónico papel.

La vida después del 007

Zardoz

A partir de 1971, tomó grandes riesgos en sus papeles, siendo uno de los más sonados Zardoz (1974), película de ciencia ficción donde interpreta a un cazador en un mundo post apocalíptico, pero llamando la atención de sobremanera el atuendo que fue usado por él. Sin embargo, sus proyectos no terminaron ahí; interpretó a Robin Hood en Robin y Marian (1976) junto a Audrey Hepburn, así como su participación en la épica cinta bélica A Bridge Too Far (1977).

Pero la mayoría de estos proyectos, aunque bien vistos por la crítica o por las audiencias, no generaron el mismo interés comercial para el resto de la población, provocando una continua serie de fracasos en la taquilla y poniendo a Connery en la delicada situación de ser visto como un veneno para la recaudación. No obstante, la suerte empezó a cambiar con una serie de papeles que lo volvieron a poner en la mira de todos.

El renacer

Oscar. 1988

En 1986 Connery interpretó dos papeles vitales para entender su filmografía: Juan Sánchez Villalobos-Ramírez en Highlander y William de Baskerville en El Nombre de la Rosa. En ambos aparece como un hombre maduro que sirve como mentor para mentes más jóvenes, siendo su interpretación de Villalobos más parecido a Obi Wan Kenobi que otra cosa. Pero el hecho de haber hecho un trabajo excelente en ambos –y mostrando su capacidad de ser el segundo y no el protagonista per sé– llamó la atención de nuevo de los estudios, aunque no para grandes producciones.

The Untouchables

The Untouchables (1987) de Brian de Palma llevó de nuevo a Connery a las grandes ligas y a su primer y única nominación al Óscar como Mejor Actor de Reparto, obteniendo la estatuilla y alcanzando uno de sus mejores momentos en la actuación. Nada mal para un ex repartidor de leche, ¿no creen? Con esto, Steven Spielberg se contactó con el veterano escocés para interpretar un papel que pocas veces hizo: un padre. Pero no de cualquier persona, sino de Indiana Jones en el cierre de su trilogía (The Last Crusade, 1989) Aunque no estaba del todo convencido, debido a que solo tenía 12 años más que su contraparte Harrison Ford, aceptó el papel y ganándose el cariño de la audiencia por su excéntrica interpretación.

The Rock

A partir de aquí le llegaron más papeles, como en The Hunt for Red October (1990), donde interpretó al oficial soviético con el acento más escocés de la historia; Medicine Man (1992); la voz de Draco el dragón en Dragonheart (1996) y en The Rock (1996) interpretando a John Patrick Mason, un ex espía británico capturado por los estadounidenses y que debe ayudar a ingresar a la prisión de Alcatraz a agentes especiales para impedir un atentado terrorista.

Uno de los momentos más significativos en su vida personal fue que le nombraron caballero del Reino Unido en el año 2000, siendo condecorado por la Reina Elizabeth II en Escocia. Parecía que la trayectoria de Connery no tendría un fin inmediato. Sin embargo, todo lo bueno tiene una conclusión.

Sir Sean Connery

Retiro.

En el año 2003 Connery participó en la cinta The League of Extraordinary Gentlemen, interpretando a Allan Quatermain, un afamado personaje literario de la era victoriana. Esta cinta está basada en el cómic del nombre de Alan Moore y Kevin O’ Neill. Aunque la idea es interesante -juntar a personajes literarios de distintos autores para combatir a un villano tenebroso-, su ejecución deja mucho que desear y, lamentablemente, esto provocó el hartazgo final del actor que decidió retirarse de los escenarios. Solo hizo un papel de voz en una cinta animada llamada Sir Billi, en el año 2012, pero no regresó a filmar algo más.

La liga extraordinaria

Hubo intentos de diferentes directores para traerlo de vuelta, pero se negó constantemente, diciendo que disfrutaba demasiado de su retiro junto con su esposa. Se le fotografió en algunos eventos y entrevistas, pero llevó una vida alejada de los reflectores.

Cumpleaños 89

Justo en el peculiar año 2020 que hemos vivido, se conmemoraron los 90 años del actor, recibiendo grandes elogios –en Bitácora Espacial no nos quedamos atrás– y también críticas por sus posturas personales respecto a cómo tratar a una mujer -cuestión que no mancha su desempeño actoral y que muestra que nadie debe ser considerado perfecto, por cierto-. Sin embargo, el 31 de octubre del mismo amanecimos con una triste noticia: había fallecido en su casa de las Bahamas. El mundo entró en shock. Inmediatamente cientos de noticias circularon por todas partes; fans se lamentaron de su deceso; se escribieron cientos de artículos de su trayectoria y de su vida.

La última foto

Yo me quedé frío, pues no podía creerlo. Un icono mundial, que hacía apenas una semanas era felicitado por todo mundo, se despedía de una manera tranquila y , aparentemente, sin sobresaltos. Sus cintas empezaron a exhibirse en la tv y se reafirmó que él siempre será el mejor James Bond de la historia.

Semanas después su viuda confirmó que el veterano actor vivió los últimos años de su vida en demencia senil, lamentando profundamente ni siquiera recordar bien quién era. Deseaba morir y, al final, la naturaleza le concedió esto en su cama.

Sin embargo, debo contar una anécdota personal al respecto. Un familiar me miró con cierta sorna cuando dije que la verdad me había dolido mucho su muerte, comentándome que pues ni sabía él que lo hice y ni me conocía. Si bien Sir Sean y yo nunca estuvimos ni siquiera en el mismo país, puedo decir con total seguridad que fui una parte importante de su vida. Porque gracias a mí, que estoy escribiendo esta entrada, una parte de su existencia queda marcada.

Porque el ejercicio de la memoria queda marcado en este escrito y en otros cientos y miles del mismo tipo que llegan a millones de personas. Que en algún lado, alguien decide ver una película del actor para “pasar el rato”. Y está bien. Pero tal vez alguno se sienta maravillado por su trayectoria y analice sus papeles y obra. Y en el futuro ese trabajo se vuelva un proyecto académico, artístico o de otro tipo.

Tal vez Sean Connery no me haya conocido, pero yo lo conocí como un artista. Un hombre que nos llevó a sonreír, a quererlo y a criticarlo. Pero sobre todo, ahora después de su muerte, a extrañarlo porque ya no lo veremos en otra cinta nueva. Solo nos queda el recuerdo, mantenerlo vivo y pasarlo a futuras generaciones. Porque en algún punto de este planeta, algún joven común y corriente puede inspirarse en Sir Sean Connery y ser un artista de gran renombre en el futuro.

Adiós, Sir Sean

Greg Graffin

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