Cultura

Jueves de Peliculeando. Never Say Never Again. (Nunca digas nunca jamás) 1983

Una dolorosa cinta no oficial de James Bond

Dirección: Irvin Kershner
Protagonistas:
Sean Connery, Kim Basinger, Rowan Atkinson, Max Von Sydow

En 1961, cuando Ian Fleming escribía sus novelas de James Bond, recibió ayuda de una persona llamada Kevin McClory -entre otras, cabe aclarar- para un guion llamado Thunderball, el cual estaba visualizado para ser una trilogía fílmica. Empero, el autor inglés alcanzó un acuerdo con EON Productions, decidiendo adaptar esta idea como una novela, vendiendo sus derechos para el celuloide, de paso provocando un problema legal que no se resolvió de manera definitiva hasta el año 2013.

Sin embargo, McClory mantuvo los derechos de Thunderball por un acuerdo legal que alcanzó con Ian Fleming, sin importar que EON realizara su propia versión de esta historia en 1965. Por ello existe Never Say Never Again, pero el resultado es, cuando menos, cuestionable.

Una de las razones por las cuales palidece esta versión es sin duda alguna por el mismo Sean Connery. Él había declarado en 1971 que JAMÁS volvería a interpretar al agente 007. Su esposa sugirió el título para recordarle a su esposo que se había tragado sus palabras y, aunque admito que es llamativo el nombre, lo demás no es así. Se nota que el actor está totalmente fuera de forma y que está a disgusto. Para ese entonces, Connery tenía 53 años y aunque no era un anciano, se notaba bastante desmejorado y poco entusiasta. El hecho de que la trama lo ponga en una agencia MI6 con poco dinero y a él lo envíen a un spa para recuperarse es poco llamativo, pues le quita mucho del glamour del 007.

La historia de la cinta involucra el robo de dos armas nucleares de una base estadounidense en Inglaterra y su traslado a las Bahamas, para pedir un rescate y extorsión por ellas. Si de por sí era genérica la historia en la novela, aquí lo es peor aun, pues se siente poco interesante y, al ser un remake, es algo que ya habíamos visto y/o leído.

Tal vez el punto más bajo de la película es cuando Bond participa en una suerte de videojuego contra el villano, donde les dan toques eléctricos de gran intensidad dependiendo de su desempeño. Es algo tan surreal y mal hecho que no da gracia, sino pena ajena por los actores involucrados, en especial Connery, que tal vez merecía un mejor trato en su última interpretación como el 007.

Aburrida, sin razón de existir y en general dolorosa de ver, Never Say Never Again pasó a la historia como la menos mala de las cintas no canónicas de Bond, pero esto no es logro alguno.

Calificación: 1/5
-Greg Graffin

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