Cultura

Éxtasis y pecado, la representación de María Magdalena a través de la pintura mexicana 

La iconografía religiosa más que una representación, es una acción que se vincula con la verdad divina que se encuentra dentro de las sagradas escrituras. Sin embargo, a pesar de las cuidadas y a veces no tanto, figuraciones de santos, profetas y apóstoles, la verdad sobre los temas tratados casi siempre pone de manifiesto una doble lectura que se esconde dentro de esas imágenes. Es decir, la forma y la historia retratan discursos más cercanos a la política religiosa, que al sentido netamente real de los sucesos descritos. 

María Magdalena es una de esas representaciones que navega entre el texto, las verdades gnósticas y por supuesto, entre el pecado y la seducción. A través del tiempo la discípula preferida de Jesús se ha erigido como una figura de lo que no debe ser una mujer, como una manifestación del pecado y como una encarnación de la prostitución. Según Juan, María Magdalena tenía 7 demonios y cuenta la historia que fue sorprendida en pleno acto de adulterio. Lo triste, es que la mujer que no seguía el designio natural de ser madre encontraba la justificación de su desvío en la posesión demoníaca pues a María se le han impuesto miles de pecados y demonios carnales.

Juan Correa, “La Magdalena arrepentida”, México D.F, Museo Nacional de Arte

Pero claro, esto no siempre fue así, pues según algunos de los textos apócrifos que existen, Magdalena fue dueña de los misterios espirituales más grandes del mundo cristiano y su rol en los evangelios, de suma importancia.

Sin embargo, para la mayoría sólo es captada cómo una mujer que no tuvo ningún papel importante en nuestra concepción actual del cristianismo. Tan sólo es la figura femenina que presenció la crucifixión y la testigo principal de la muerte y resurrección de Jesús.

Juan Nepomuceno Herrera, “Santa María Magdalena”, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec

Lo más interesante, es que las dos versiones se pueden ver reflejadas en su iconografía, y más aún, en la pintura virreinal mexicana. Pues hay quienes proyectan una Magdalena desnuda, sensual y erótica y otros más que la reflejan como una santa, ataviada de objetos que aluden al conocimiento, pero sobre todo, a la iluminación.

Según el investigador Odile Delenda todos los artistas del arte sagrado tenían reglas muy concisas de cómo debía ser representada María Magdalena, lo que claro, ocasionó transformaciones en su representación de forma paulatina. La primer convención para su representación tenía que ver con su imagen en la vida de Cristo, ya que no podía ser proyectada ni muy destapada ni muy arreglada. El Cardenal Paleotti declaró con violencia a “¡los que pintan en medio de los Santos la bienaventurada Magdalena (o San Juan Evangelista, o un ángel) más adornados que un bufón, disimulando con aspecto de Santa el retrato de una concubina! Haciéndolo así incitan las almas a la condenación para la gloria de Satanás”.

Anónimo mejicano, “María Magdalena”, Siglo XVIII, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Museo Nacional del Virreinato, Estado de México, México

Pero, ¿no a caso Magdalena pasó de ser la “concubina” de Jesús, a la concubina de todos los pintores que la representaron? Su imagen cohabito con la de algún varón que le dio vida a través del lienzo, su nombre estuvo presente durante el proceso del tema y le ayudó a proyectar en el proceso, un estado de conjunción, en donde la figura se diluyó a través de la visión de una institución cautivadora. 

Ella, la protagonista de sus pensamientos en ese momento y por supuesto, de su arte. Fue señalada como pecadora oficial por el papa Gregorio I en el 591, y hoy reducida al estereotipo de mujer pecadora-penitente. En la actualidad, su figura renace por medio de la pintura y de una visión mexicana, igual de institucionalizada pero digna de recuperarse para conocer las dos caras, de María Magdalena. 

En la siguiente representación mexicana o bien, en esa época, novohispana, podemos observar el control que tenían los obispos sobre las obras de arte. Aquí las reglas antes descritas son practicadas y observamos a una Magdalena arrepentida, viendo hacia arriba implorando y rezando perdón con un leve pecho descubierto, característica de su pasado como “pecadora”. 

Anónimo mejicano, “María Magdalena”, Siglo XVIII, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Museo Nacional del Virreinato, Estado de México, México

Por otro lado, la siguiente imagen es más específica y por supuesto, con una calidad técnica más cuidada en donde podemos ver joyas, recipientes con perfume y espejo, símbolos de la vanidad de Magdalena que aluden a su pasado como prostituta. Cómo se puede observar, en la obra se aprecian dos escenas distintas, en las que se interpretan momentos distintos en la vida de la santa, de lado izquierdo aparece Magdalena ataviada de joyas por todos lados con un hermoso ropaje pero con la mirada desviada, las joyas tiradas en el suelo representan el desprendimiento de lo material. Las perlas representan tanto la lujuria como las lágrimas de arrepentimiento y el espejo se interpreta como metáfora de la vida contemplativa. De lado derecho aparece la penitente, recostada dentro de unas grutas, con una calavera y un crucifijo que aluden a la vida terrenal y efímera.

Juan Correa, “La conversión de Santa María Magdalena”, 1689, México

Así pues, esta representación es el ejemplo perfecto de la localización de Magdalena, es decir, o se encuentra en los mares del éxtasis terrenal o en los cielos de los santos y penitentes. Sin embargo, hay que conocer la otra historia y ligar su figura al contexto actual, no como modelo de arrepentimiento ni cómo figura del pecado carnal, sino cómo camino para que las mujeres sigan sus propios deseos y como una posición femenina ligada al goce, ya sea místico o no. Hay que empezar a pensar en lo que para Schillebeeckx era importante “que las experiencias de estas mujeres contribuyeron a que la causa de Jesús se pusiera en movimiento” y que mejor que hacerlo, desde  María Magdalena, una mujer contaminada por la historia religiosa. 

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