Cultura

¡No le hagas caso a Fabiola!

Una de las cosas más difíciles de tener una enfermedad es aceptar que la tienes. Y es todavía peor cuando hablamos de depresión. Según mi psiquiatra ( es ahorita mi única fuente confiable) la OMS cataloga este mal como parte del top 10 de las discapacidades, contando las físicas. Entonces siguiendo esa lógica, en este momento me encuentro incapacitada para hacer muchas cosas, sólo que no se me nota ya que es mental, por lo que la gente puede que no me lo crea, o peor… YO NO LO CREA.

Les cuento que ya estoy en tratamiento que cambia cada dos semanas según mi estado de ánimo o número de intentos suicidas, lo cual obviamente es un colapso cabrón a la economía familiar. Después voy cada semana con la psicóloga y tenemos sesiones bastante fructíferas y prácticas pero es un reto entrar a su consultorio porque está en la Roma, y nos da más miedo que se nos caiga el edificio encima que ilusión de encontrarnos a Cuarón en la calle.

Tengo mis rutinas. Cuido mis plantitas y de mi perra Nena que la adoro (no pongo fotos porque seguro se la van a querer robar y ahorita ella es mi única fuente de alegría), resuelvo rompecabezas miniatura, coloreo mandalas, veo películas, escribo tonterías en este blog para que se diviertan (aprécienlo) y me duermo máximo a las diez porque sino mi cerebro hace que convulsione 🙂

Esta no era mi pinche vida. Ni siquiera puedo dormir sola y mi papá a veces tiene que dejar de trabajar para cuidar de que yo no haga ninguna tontería. Yo solía andar por la ciudad, con mis amigos, en mis citas en Tinder, (larga historia), estudiar, trabajar, vivir. Ahora no puedo hacer eso porque biológicamente mi cerebro, mi cuerpo y mi mente no me lo permiten.

-“Es que esa no eres tú.”, me dice mi hermana cuando por enésima vez no me quiero levantar de la cama para comer. -“Esa cosa es la que está hablando y haciendo que te comportes así”.

“Merezco ser castigada”– le respondo- “por todo lo malo que he hecho, tú misma has dicho que la he cagado muchas veces.”

-“¿Pero por qué mereces ser castigada?, todos hemos tomado malas decisiones y tenemos que vivir con las consecuencias de ello pero tu enfermedad no es tu condena. Deja de escuchar esa voz que te dice esas cosas, ¡ya sé! le vamos a llamar Fabiola. En las telenovelas la villana siempre se llama Fabiola. No le hagas caso, dile que no tienes tiempo.”

-“Para ti es muy sencillo, tú no la escuchas.”

-“¡Pues entonces haz como Harry Potter!, al cabrón le mataron a sus padres y ¿qué fue lo que Lupin le dijo?, ¿cuál es tu recuerdo feliz?

En eso sonó el teléfono, era mi papá pidiendo que pusiéramos la mesa para comer. Cuando mi hermana volteó yo ya estaba en el comedor sacando un mantel.

-Elliott Duquesne

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