Cultura

¿Debemos llorar frente a una obra de arte?

SPOILER: No, o no necesariamente. Incontables han sido las veces en que estamos en un espacio de exhibición y alguien observa una pieza para después emitir un gemido, exaltación o algo parecido al orgasmo. Sin embargo, justo como en el sexo, hay cientos de insatisfechos que sólo fingen para evitar el bochorno de admitir que no sienten nada. Lo curioso es que no deberían pasar por aquéllo si supieran que no todo el arte esta hecho para llorar.

No me malinterpreten, esto no quiere decir que el arte no involucre la sensibilidad sino que no todas las obras apelan a la emoción primitiva como puede ser el reír o llorar; de hecho ese es un concepto bastante reciente, del siglo XX (para la historia del arte eso es reciente), por lo que antes los artistas ni siquiera se molestaban pensando en lo que los espectadores pudieran percibir con sus bodegones o naturalezas muertas.

Antes del siglo XX, los artistas visuales que pertenecían a la academia estaban más concentrados en perfeccionar su técnica o alcanzar un alto nivel de realismo en la representación de sus trabajos. Cualquier emoción o sensación fuera de esos objetivos marcados, eran bonos extra. Entonces, ¿qué sucedió en el mentado siglo XX que hizo que todo cambiara?

Fountain, Marcel Duchamp

Llegaron los rebeldes que transformaron las reglas. Saltan los nombres comunes como Picasso, Dalí, Miró, Chagall, Cezánne y un largo etcétera que no sólo cambiaron la forma y el fondo de su trabajo sino que ahora apareció un tercer ingrediente en su receta: el espectador. Esto fue gracias a un artista y podría decirse teórico también, llamado Marcel Duchamp.

Este hombre menciona que en la apreciación artística existe una estructura tripartita (es decir que tiene tres partes) ARTISTA-OBRA-ESPECTADOR. Lo cual se traduce a esto: un artista crea una obra y hasta el momento en que la termina sigue siendo suya, una vez que está acabada ya no le pertenece. Sin embargo, esto no quiere decir que la pieza este completa sino que necesita de alguien más que la vea, que la lea, que la escuche, osea que la interprete.

Gracias a esta reflexión, los artistas pensaban sus trabajos incluyendo al espectador y pensando de que manera despertar la sensibilidad del mismo. ¡OJO! esto no quiere decir que el autor busque siempre sacarnos una lágrima, pero si hacernos dudar, cambiar de perspectiva o incluso molestarnos. Take it easy, es parte del proceso creativo.

Ahora, sí existe arte que busca hacernos llorar. Tenemos por ejemplo a Mark Rothko, el cual intenta en la inmensidad de sus colores que el espectador llegue a una trascendencia espiritual, llevándolo al borde de las lágrimas. (Si lo reduje demasiado, perdónenme fans de Rothko. Podemos hacer después una entrada sobre él)

Esta señora pudo haber tenido una revelación con Rothko

Al final, esto le da más poder al espectador de lo que cree. Esto porque si bien el planteamiento del artista y la obra misma son parte primordial de la estructura de la apreciación artística, el que observa tiene la última pieza del rompecabezas, y como cada uno de nosotros es diferente, ese rompecabezas cambiará constantemente. Así que, como en el sexo, no finjan más orgasmos digan al artista que no los sabe coger bien (artísticamente hablando) pero tampoco se debrayen con sus interpretaciones.

-Elliott Duquesne

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